Julio V.
Mensaje Domingo 5 de abril 2009
Diaconía Cristiana en la Diversidad
«Un tal Jesús» Capítulo 106
«¡Viva el Hijo de David!»
http://www.untaljesus.org/texesp.php?id=1500106
Durante la semana, este texto de Un tal Jesús me sugirió algunas reflexiones que quiero compartir ahora:
1. Una primera reflexión es el contexto de exclusión en que se encontraba el pueblo hebreo en tiempos de Jesús de Nazaret: Era un contexto político económico y socio cultural de dependencias del imperio romano; con un enriquecimiento de la clase sacerdotal y política a costa del empobrecimiento del campesinado, con la consecuente pérdida de las tierras a mano de los terratenientes de época; con migraciones del campo a la ciudad engrosando la cantidad de personas que pedían limosna en espacios públicos (plazas, templo, caminos); con una creciente desigualdad y exclusión de la mayoría de la población (enfermos, prostitutas, cobradores de impuestos, extranjeros, pobres, mujeres, niños).
En fin, un contexto que no nos es ajeno a nuestra realidad uruguaya, latinoamericana y planetaria. Donde la dependencia del norte asfixia en el sur las economías nacionales, las culturas regionales, las soberanías estatales. Teniendo como consecuencia un inmenso mosaico de pobrezas, discriminaciones y exclusiones que bastante conocemos.
2. Una segunda reflexión es la solidaridad como respuesta a la exclusión: La legislación sobre el Jubileo –el año de Gracia del Señor, como decía el texto que leímos-; ciertamente muy bien sintetizado e inculturizado en el capítulo de “Un tal Jesús”: “TODOS IGUALES” – “TODO PARA TODOS COMO AL PRINCIPIO”. Este reclamo tiene su origen en Lv. 25,1-55; era la institución humanizadora y de transformaciones sociales por excelencia en la vida de pueblo hebreo puesto que cada 50 años el pueblo se daba la oportunidad de establecer relaciones de igualdad entre sus habitantes. El año de Gracia del Señor tenía su centro en el perdón y la liberación con aspectos fundantes de la solidaridad vinculados a la distribución equitativa de los bienes y productos, la liberación de la opresión, el respeto hacia las otras personas, la tenencia de la tierra, la obligación de colaborar y ayudar a la persona necesitada, la erradicación de la usura, el cuidado de la tierra como recurso natural para el mantenimiento de la vida.
A pesar del potencial restaurador y liberador de esta legislación tan antigua el mundo judeo cristiano está muy lejos de lograr que la riqueza planetaria sea distribuida justamente según las necesidades de cada quien. Basta con mirar nuestro entorno.
3. Una tercer reflexión son los contenidos programáticos de lo que Jesús llamó el Reino de Dios o lo que podríamos llamar hoy una Sociedad Nueva o como lo llamaron otros: La Civilización del Amor. Lucas presenta en su evangelio a Jesús iniciando el ministerio profético en Nazaret y auto refiriéndose el texto de Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, me envió a llevar buenas noticias a las personas empobrecidas, libertad a las presas, visión a las ciegas, liberación a las oprimidas y anunciar a todas el año de Gracia del Señor” (cf. Lc. 4,16-21).
Contenidos profundamente solidarios, inclusivos y que restituyen la dignidad a las personas, los grupos y comunidades; en oposición a lo que estaba viviendo la inmensa mayoría de su pueblo, aspecto que claramente nos permite entender el capítulo de Un tal Jesús que acabamos de compartir.
Estos contenidos programáticos de Jesús, a lo largo de la historia han sido levantados por muchísimas personas que asumen la vocación profética haciendo posible la esperanza en un mundo mejor, una sociedad planetaria basada en la justicia y en la paz. En los últimos años podemos recordar a Gandi levantando su voz en defensa de la soberanía de la India, a Martin Luther King en EEUU en defensa de los derechos de las personas negras, a Troy Perry también en EEUU en defensa de los derechos de las personas glttb, a Helder Cámara en Brasil en defensa de los pueblos originarios empobrecidos, a Enrique Angelelli en Argentina y a Carlos Parteli y Marcelo Mendiarat en Uruguay en defensa de las víctimas de las dictaduras militares, a Oscar Romero en defensa de los derechos humanos en el Salvador, a Leonardo Boff en defensa de los recursos planetarios que van en camino a agotarse, y cuántas otras personas que dejándose guiar por el Espíritu del Señor trabajaron y trabajan porque el Año de Gracia del Señor sea una realidad para todas las personas en todas partes del planeta.
4. Una cuarta reflexión tiene que ver con la práxis de Jesús en su ministerio profético; los testimonios dicen que “pasó haciendo el bien”: En primer lugar, su praxis permite identificar el inicio del Año de Gracia en la vida del pueblo (Is. 26,19); es la manifestación de la misericordia divina como paternidad y maternidad (Mt. 9,12) y la manifestación de su poder en la limitación humana (Mt. 11,6), sanando (Is. 30,26) y conduciendo al pueblo (Is. 57,18) como lo presenta este capítulo de Un tal Jesús.
En segundo lugar su praxis es liberadora e inclusiva de personas concretas y eso nos remite directamente a la imagen de un nuevo éxodo de personas liberadas y convocadas a formar un nuevo pueblo de Dios bajo la figura de un nuevo Moisés (Dt. 18,15-19): la comunidad inclusiva y solidaria que Jesús se empeña en formar, reuniendo, restaurando y dignificando a las personas (Is. 61,1-9), cuya referencia también encontramos en este capítulo de “Un tal Jesús”.
En tercer lugar la praxis de Jesús es la expresión de la liberación integral del ser humano en su totalidad y en todas sus dimensiones como ser bio-psico- socio-cultural (Mc. 1,32-34). No bastaba con curar, con alimentar, con enseñar. El pueblo necesitaba libertad para desarrollar su vida y para expresar su fe nos transmite este capítulo de Un tal Jesús.
La praxis de Jesús nos señala el camino a quienes queremos seguirlo en el discipulado. Un camino marcado por la radicalidad, donde la justicia y la solidaridad son los mojones que nos llevan a estar con él o contra él. La justicia divina no es imparcial. Ella siempre está del lado de las víctimas.
Una quinta reflexión tiene que ver con el episodio que hoy recordamos todas las Iglesias Cristianas: la llegada de Jesús a Jerusalén finalizando su ministerio profético. Esta entrada de Jesús en Jerusalén aclamado entre palmas lejos de ser una entrada triunfal era la gota que revasaba el vaso y aseguraba su ejecución. En el contexto de lo que se iba a celebrar en Jerusalén, centro del poder político y religioso del país de Jesús: la pascua – el paso de la esclavitud a la liberación-, esa entrada entre aclamaciones de justicia era un claro desafío y enfrentamiento tanto con el poder político como con el poder religioso.
El pueblo aclamaba: ¡Hosana al Hijo de David! ¡Justicia hoy no mañana!. Este clamor sigue subiendo de todas partes del planeta, aún hoy muchos siglos después de aquel acontecimiento. Es el grito del campesinado sin tierra o endeudado con los bancos; de las familias desalojadas y en situación de calle; de las personas desempleadas; de las minorías bolivianas y peruanas en nuestro país que son explotadas; de quienes residen en asentamientos; de las personas privadas de libertad; de las personas enfermas mentales crónicas asinadas en el hospital psiquiátrico; de la niñez y adolescencia que trabaja o mendiga en las ciudades; de las víctimas de violencia doméstica; de las personas ancianas que ya no son útiles al sistema; de las víctimas de las religiones deshumanizadas. ¡Hosana al Hijo de David! ¡Justica hoy no mañana!
Así como el Maestro condujo a esa muchedumbre empobrecida, la comunidad discipular está desafiada en todos los tiempos, a asumir ese grito de reclamo por justica a todas las personas silenciadas, oprimidas, excluidas.
Una sexta y última reflexión tiene que ver justamente con la comunidad discipular. Aquellas personas que estaban en el entorno de Jesús. Quienes lo rodearon durante su ministerio profético. Tanto este capítulo de Un tal Jesús, como los relatos evangélicos y fundamentalmente el Libro de los Hechos, muestra una comunidad diversa en todo sentido: hombres y mujeres, personas casadas y solteras, ricas y pobres, de la ciudad y del campo, piadosas y revolucionarios armados, de distintos grupos políticos; una comunidad dividia en muchas circunstancias; incapaz de entender lo que el Maestro proponía; que buscaba más acomodarse en las seguridades del sistema que asumir el revolucionario cambio basado en el amor, la justica y la solidaridad. Esa realidad de la comunidad de Jesús se ha repetido a lo largo de la historia del cristianismo hasta nuestros días.
La Diaconía Cristiana en la Divesidad, una comunidad que aspiramos a ser ecuménica e inclusiva, somos parte de la Iglesia de Jesús y como tal tendríamos que preguntarnos ¿somos una comunidad profética que anuncia el Año de Gracia –la justicia y la solidaridad- en Uruguay?.
En esta línea estamos trabajando: el equipo de comunicaciones es una respuesta, el equipo de ecumenismo y diálogo interreligioso es otra respuesta, el ministerio de VIH que estamos emprendiendo es otra respuesta. Y estas respuestas, creo, las vamos dando –a pesar de ser una comunidad pequeña, que no siempre está en un todo de acuerdo, que tiene conflictos- porque desde la experiencia de fe intuimos que es posible otra Iglesia de Jesús donde todas las personas seamos iguales y donde todo sea para todas las personas como al principio.